HÉROES DEL SILENCIO
Estadio La Romareda, Zaragoza, 12-Octubre-2007

 
     
 

Zaragoza, 12 de octubre, día del Pilar, el día grande de las fiestas en la ciudad maña. Héroes del Silencio tocaban en su segundo concierto en España. Hay que recordar que se habían estrenado dos días antes en el mismo escenario, lo cual no debe desmerecer la fecha. De hecho, ésta fue la primera en anunciarse del total de los cuatro conciertos que finalmente Héroes darían en España. Y auque el día del concierto, a pie de taquilla (o sea, tirando de reventa) no era complicado encontrar una entrada, lo cierto es que casi hubo tortas para conseguirlas el día que se pusieron a la venta (muchos fuimos protagonistas de largas colas en cajeros que no escupían entradas, historia que acabó en un colapso de la red de cajeros en el ámbito peninsular de la entidad financiera en cuestión... o de los numerosos intentos telefónicos tratando por todos los medios de colar la llamada entre las agraciadas con las tan deseadas entradas...). Con ello quiero decir que, los que las conseguimos en su momento para este concierto en concreto nos sentimos, por unos días, los afortunados que disfrutarían de la hasta entonces única fecha anunciada en España. El resto, ya lo sabéis.

Ya a primeras horas de la tarde el centro de la ciudad y, sobre todo, las inmediaciones del estadio de fútbol eran un hervidero de seguidores de Héroes. Una inmensa marea negra ocupaba las calles de los aledaños y se desplazaba desde diferentes puntos a un destino común: las puertas de la Romareda. Los seguidores de Héroes confluían en ese punto, llegados de distintas localizaciones de la geografía española y de fuera de ella; había algo que nos unía: el deseo de verlos en directo tras tantos años de ausencia.

Unas horas antes del comienzo, fijado para las nueve y media de la noche, el estadio ya presentaba una buena entrada, y conforme pasaban los minutos los huecos iban disminuyendo de tamaño hasta alcanzar el lleno al que se llegó. Y es que hay conciertos a los que uno se permite el lujo o el gusto de llegar con el tiempo justo, a escasos minutos del comienzo o con el show ya bien entrado... Éste, como es de suponer, no era el caso. Digamos que el ansia por verlos era el sentimiento dominante.

En lo que al apartado técnico se refiere, los datos y las cifras del montaje de la gira marean. Alejándome de las sesudas opiniones que ya hayan brindado los expertos, informados y versados en este aspecto, esto es, limitándome a mi versión como espectadora de ocasión en el gran circo que es una gira de tamañas dimensiones, puedo decir que el despliegue de medios era impresionante. Los protagonistas, Enrique Bunbury, Juan Valdivia, Joaquín Cardiel, Pedro Andreu y Gonzalo Valdivia (Alan Boguslauski no está haciendo la gira con ellos), cinco músicos que dieron muestra de la justa complicidad entre ellos para que el concierto se desarrollara sin incidencias, dando no menos de lo que de ellos se esperaba y haciendo que los espectadores disfrutaran con ello. Un escenario custodiado por dos pantallas de grandes dimensiones que ofrecían en todo momento detalles del directo, no perdiéndose detalle de ninguno de los movimientos de Bunbury y compañía. Cuatro grandes pantallas móviles que, al comienzo, a modo de telón con el anagrama de la banda preservaban los entresijos del montaje inmediatamente anterior a la puesta en escena y que durante el concierto, siguiendo una estudiada coreografía, se elevaban y descendían sin dejar de proyectar imágenes complementarias a los temas que iban tocando, que junto con el juego de luces potenciaba el efecto de las canciones entre los ánimos de los asistentes. Un escenario circular, de dimensiones más reducidas que el principal, unido a éste por una pasarela perpendicular al mismo, a través de la cual fueron muchos más los espectadores que los sintieron más cerca. Cabe comentar que una parte del concierto tuvo lugar en ese segundo escenario, colocado más al centro del estadio. Las torres de sonido se alzaban imponentes sobre la gran marea humana que ocupaba el césped del estadio... Y qué decir del sonido, “envolvente” o sea, IMPRESIONANTE. Estuvieron acertados los de control que, por otra parte, ya llevaban allí un concierto de experiencia a sus espaldas, celebrado dos noches antes, lo cual, supongo que ayudó, aunque sólo fuera un poco a optimizar el funcionamiento de los controles de sonido.

Comenzaron suave, calando entre todos los asistentes, tras una intro hecha de luz y sonido, con “El Estanque”. Mientras se escuchaban sus primeros acordes, tres grandes pantallas que cubrían el escenario iban proyectando las siluetas de guitarristas. Todos sabíamos a la perfección que justo allí detrás estaban nuestros Héroes y cuando comenzaron a elevarse, descubriéndolos, el estadio prorrumpió en gritos y aplausos. A ese primero de los temas le siguió “Deshacer el mundo” con el que ya se desató todo el potencial de la banda y estalló la emoción contenida del público.

Tras ellos, se fueron sucediendo el resto de temas que nos tenían preparados para esa noche. La banda, de riguroso negro rockero, hizo un repaso a esos temas que, de alguna forma marcaron sus vidas y las nuestras. Tocaron varias canciones de su primer álbum (“El Mar No Cesa”, de 1988), como “Agosto”, “Mar adentro”, “No más lágrimas” ó “Héroe de leyenda”; sonaron, entre otras, “Con nombre de guerra”, “Oración”, “Tesoro”, “La herida”, “Avalancha” y “Apuesta por el rock ‘n' roll”. Este último tema que cito fue con el que se reanudó el concierto, ya que hacia la mitad, Enrique Bunbury solicitó del respetable cinco minutos para brindarle un descanso a su maltrecha garganta. Por lo visto no le sentó demasiado bien reencontrarse con el cierzo que sopla en su tierra. Aunque no fue el único: se ha sabido que fueron varios los miembros del montaje que acusaron el tiempo.

Volviendo a lo estrictamente musical, no faltaron tampoco los temas que quizá sean los más conocidos entre la legión de seguidores y no-seguidores: “Entre dos tierras”, “Maldito duende” e “Iberia sumergida” que la banda maña quiso ofrecer uno tras otro subiendo así los ánimos y la entrega de un público que a esas alturas del espectáculo (porque eso es lo que fue) ya se desbordaban. Son esos temas que más presentes están en el imaginario colectivo del amante del rock español y que hicieron vibrar a un colectivo de unas 40000 personas.

El sonido que fabricaban y la visión de los Héroes sobre un escenario tanto tiempo después provocaba una dulce embriaguez entre todos los que allí nos congregábamos, y aún si cabe decirlo, ascendía casi exponencialmente con cada tema que tocaban. El estadio era todo un clamor: las voces que llenaban la Romareda no dejaban de corearlos, ni de aclamar a sus “Héroes”, vitoreándolos y solicitando más y más de ellos. Los asistentes dimos (por supuesto que me incluyo) todo lo que llevábamos dentro, siendo una pieza fundamental que garantizó el éxito y el disfrute del concierto.

Del concierto me quedo con dos momentos en torno a dos de las canciones más míticas de la banda.

Poco después del comienzo Bunbury demandó la colaboración de las casi 40000 almas que abarrotábamos la Romareda pidiéndonos prestadas nuestras voces, para que juntos entonáramos la letra de su “Sirena varada”. Y es que todavía se ponen los pelos de punta cuando tantas personas se unen haciendo de la música su punto de encuentro, cuando un tema es capaz de acercar a tantas y tantas personas, con tan solo el mero de hecho de compartir unas letras bien aprendidas.

Personalmente, me quedo con el segundo de los momentos: con la impresionante visión del estadio cuando sonaron los primeros acordes de “La chispa adecuada”. El escenario casi en penumbra, fue impactante ver cómo el estadio se iba inundando poco a poco de pequeñas luces: a los ya clásicos y míticos mecheros se les unía la electrónica luz emitida por las pantallas de móviles, inundando de esta forma pie de escenario y graderías al completo. Componían en su conjunto un mosaico de teselas con iluminación de diferente intensidad digno de admirar con un acompañamiento musical inmejorable.

En brazos de la fiebre y un castillo de fuegos artificiales pusieron punto y final a ese concierto con él que muchos habíamos estado soñando desde allá por el 1 de marzo, de madrugada, cuando se pusieron a la venta las entradas para el, entonces, único concierto de Héroes en España.

Confieso que en algunos momentos se hacía muy difícil compatibilizar la manipulación del instrumento que iba a inmortalizar los instantes de aquel concierto, con las ansias de disfrutar del mismo. Ello se debe a que, personalmente, era un momento único que no quería perder tratando de buscar una instantánea que reflejara ese segundo preciso en el que todo mi ser estaba puesto en la letra de una canción, en el que mis sentidos captaban la esencia y el total de lo que acontecía en aquel momento. Y es que hasta que Héroes no digan lo contrario (los únicos que dicen la verdad son los niños y los borrachos...), era la primera y la única ocasión que tenía para verlos en directo.

Dos horas y media de show dan para mucho, aunque si hablamos de Héroes, supo a poco; todos echamos de menos algún tema que otro. Sin ir más lejos, yo me quedé con las ganas de cantar “Flor venenosa”... Quién sabe, quizá se vuelvan a reunir más adelante y pueda quitarme esa espinita.

Puntuación Héroes Del Silencio: 80/100

Texto: Cristina Hombrados

Fotos: Cristina Hombrados y María Modrego

 
     
 
Leer más crónicas