DREAM THEATER + SYMPHONY X
Palau Olimpic de Badalona, Barcelona, 02-Noviembre-2007

 
     
 

Introducción

La organización había establecido las 7 de la tarde del 2 de noviembre para la apertura oficial de las puertas del Coliseo del Joventut de Badalona (Barcelona) en la primera de las tres fechas previstas en España para el “Chaos in Motion Word Tour” de Dream Theater, para el que han contado con unos teloneros de lujo, Symphony X. Tan solo minutos más tarde, los amantes del rock progresivo ya formaban una cola, cuales escolares disciplinados a la vuelta del recreo, que daba media vuelta al estadio.

El Palau gozó de una más que aceptable entrada, rozando el lleno.

SYMPHONY X

Un preludio musical y lumínico anunció la entrada en el escenario de Russell Allen, Michael Romeo, Michael LePond, Michael Pinnella y Jason Rullo, esto es, Symphony X.

Por mucho que el refrán diga que “lo bueno si es breve, es dos veces bueno”, los escasos tres cuartos de hora que la banda estadounidense estuvo sobre el escenario supieron a poco por la buena actuación que nos brindaron. En este tiempo, el repertorio que Allen y los suyos desplegaron se centró más bien en su último álbum “Paradise Lost”. Entre otros tocaron “Domination”, “Set the World on Fire”, tema con el que abrieron, o “Paradise Lost”, momento en el que todo el parque de mecheros del Palau salió de los bolsillos del público para elevarse, haciendo que de ellos brotara la llama que acompañó los acordes y la letra del tema. Aunque en ningún momento el público desvió la atención del escenario y del espléndido concierto que estaban ofreciendo, aquel fue un instante en el que todos los ojos estaban puestos en la banda a la vez que todos los oídos captaban el tema. Por otra parte, pudimos presenciar también un pequeño careo de cuerdas Romeo-LePond.

Hay que destacar la actuación de la voz de los Symphony, Russell Allen, que estuvo en todo momento muy activo, a ratos aproximándose hasta el límite de la primera línea de público, no dejando de animar e interaccionar con los asistentes echando mano de unas cuantas frases y palabras que había aprendido en castellano, un esfuerzo que los que allí nos congregábamos agradecimos. Incluso probó la fuerza de nuestras voces, incitándonos a gritar, canalizando nuestro entusiasmo y sus ganas de dar un buen show y de que lo disfrutáramos.

El resto de los componentes estuvieron a su vez soberbios, demostrando que dar un buen concierto es cosa del total de los miembros. La puesta en escena fue simple, pero efectiva. El escenario estaba dividido en dos por un telón negro hacia la mitad del mismo. Mientras que tras él se había dispuesto el espacio escénico que ya ocupaban los instrumentos de Dream Theater (facilitando de esta forma la fluidez de las dos actuaciones, para que el lapso de tiempo entre uno y otro grupo no fuera demasiado grande y que el montaje y desmontaje fuera mínimo), delante, y de cara al público, viendo reducida su movilidad y el espacio escénico a favor de los factores ya estipulados, Symphony X dieron su concierto, con una iluminación en la que predominaron los tonos rojos y azules, y un sonido aceptable.

No obstante tengo que decir que el global de la actuación de Symphony X fue una gratísima sorpresa para mí, que no había tenido la oportunidad de verlos en directo: derrocharon energía y ofrecieron al público sus temas con una fuerza ciertamente palpable, regalando un directo que fue caldeando el ambiente del Palau a medida que éste avanzaba. Sólo puedo decir que se metieron al público en el bolsillo. Unos teloneros muy a la altura del grupo al que precedían.

DREAM THEATER

Mientras el semáforo instalado sobre el escenario se ponía rojo, unos operarios se encargaban de sacar un par de hormigas de dimensiones descomunales que custodiarían el escenario, las luces del Palau iban bajando en intensidad y en la pantalla se comenzaba a vislumbrar él logo de la banda. El semáforo cambió a ámbar con los primeros acordes, y por fin, la tan esperada luz verde, con la que el Teatro de los Sueños levantó el telón y arrancó motores para dar comienzo con el show que venían a ofrecer.

Una vertiginosa sucesión de imágenes del grupo y la inconfundible banda sonora de “Odisea en el espacio” iniciaron lo que fueron aproximadamente unas dos horas y media durante las cuales Dream Theater desplegó sus “encantos” en forma de música. Hicieron un somero repaso a su nuevo álbum “Systematic chaos”, que venían a presentar, en detrimento de sus ya clásicos temas, con lo que o uno u otro, se echaron de menos canciones. Pero como ya se sabe, con Dream Theater en el escenario, cualquier concierto se queda corto en lo que a duración se refiere.

Mientras el juego de luces se ponía en acción y una pantalla en el fondo iba proyectando imágenes y algunos de sus videos, en el escenario se fueron sucediendo “Constant motion”, con el que abrieron, “Strange deeja vu”, “The dark eternal night”, “Forsaken”, “Blind faith”, “Take the time” o “The spirit carries on”. Hubo, además, espacio para un medley que comenzó con “Trial of tears” (de “Falling Into Infinity”, 1997) y acabó con “Razor's edge” (de “Octavarium”, 2005) que nos dejó a todos con la miel en los labios, ya que no es lo mismo escuchar un fragmento de varios temas que la grandiosidad de los temas al completo. También tocaron “In the presence of enemies Pt. 1” y “In the presence of enemies Pt. 2”, temas con los que se abre y cierra, respectivamente, “Systematic chaos”, pero los tocaron ambos de un tirón, con lo cual la pieza resultante, siendo ya las individuales de larga duración, quedó convertida en un tema de unos 20 minutos ejecutado, no obstante, de forma magistral. El hecho de que la tocaran en los últimos compases del show y que tuviera semejante duración, lo convierte, desde mi opinión, en el único de los “peros” de su actuación. Sin embargo, pese a este detalle, y teniendo en cuenta a las características del grupo en sí y de los conciertos que dan, mi visión global del concierto no varía un ápice: una gran interpretación y dominio de unos instrumentos a la hora de crear temas en un directo que creo que no defraudó a nadie.

Personalmente, el momento mágico de la noche llegó con “Surrounded”, una canción que puede llegar a pasar desapercibida en una escucha del álbum “Images and words”, pero que en este directo sonó maravillosamente bien. La pieza instrumental en sí se alargó en una espectacular combinación de teclados, batería, guitarra y bajo que la dotó con la singularidad de una nueva realización, siendo fruto de una transformación espectacular, que el virtuosismo del grupo convirtió en un regalo para los oídos de todos los que allí nos habíamos congregado. Es en esos momentos cuando uno se da cuenta y descubre la belleza y fuerza del rock.

Por supuesto, no faltó el típico y tópico guiño a la ciudad en la que tocaban, un amago en el medley, “It's raining, in the Streets of Barcelona”.

En lo que se refiere a los componentes de Dream Theater, cabe decir que estuvieron soberbios, cada uno en lo suyo, y en su conjunto, un maravilloso y armonioso equipo en el que cada instrumento aportaba su sonido evidenciando el altísimo nivel musical que han alcanzado durante los casi 20 años que dura ya su andadura en el mundo de la música. Un John Myung incombustible al bajo, con su ya característica seriedad que quedó patente cuando Labrie le puso un sombrero que el público lanzó; qué decir del señor Petrucci, que se marcó unos cuantos solos de esos que sólo el virtuosismo de sus dedos pueden llegar a lograr, obsequiando con ello a sus embelesados fans. Y es que hace que parezca tan sencillo arrancar esas notas de su guitarra... Mike Portnoy detrás de su batería formada por tantas y tantas partes (entre cajas, platos y demás...), poniendo su voz en algunos de los temas; Jordan Rudess intratable a sus teclados, confeccionando melodías que incluso se atrevió a sacar a pasear con un keytar, “enfrentándose” en un par de cara a caras con Petrucci; y Labrie de un lado a otro, ora cantando, ora tras sus compañeros, sabiendo ceder el protagonismo a aquel que le correspondía.

El sonido fue magnífico, lo más destacable del concierto, junto a la actuación en sí. Transmitieron muy buenas sensaciones y el público asistente salió del concierto con muy buen sabor de boca. Como buenos actores artífices de una inolvidable velada, el grupo al completo (hormiga incluida) saludó desde el escenario a su conclusión mientras el público les profería una cerrada ovación. En ese instante, el gran Teatro de los Sueños echó el telón a su espléndida actuación.

Lo único que no me quedó claro fue el papel de una serie de individuos que, linterna en mano y con chaleco reflectante, iban de un lado a otro de grada o pie de escenario durante la actuación de Dream Theater, primero localizando y señalando a personas con cámaras o móviles cuyo punto de enfoque fuera en esos momentos el escenario, después dirigiéndose hacia ellos a toda prisa para hablar y, según me dio la impresión, cortar la grabación al segundo. Lo que no sé es si les hicieron borrarlas de sus aparatos... Me pareció una actuación un tanto injusta por su parte (hablo desde la impresión que me dio), sobre todo por la manera en que se buscaba y cazaba a los supuestos “infractores”, ya que a quién no le gusta inmortalizar un momento que musicalmente hablando pone los pelos de punta... Por otra parte, y si no estoy equivocada, no creo recordar ninguna prohibición de entrada al estadio de móviles o cámaras fotográficas.

Puntuación Symphony X: 80/100

Puntuación Dream Theater: 95/100

Texto: Cristina Hombrados

Fotos: Juan José Diez (cortesía: www.maxmetal.net actuación Madrid 3 noviembre 2007)

Fotos (logo): Cristina Hombrados

 
     
 
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